INCUBARTE

30.04.2016

INCUBARTE / abril 2016 /

Durante el mes de abril, estuve recorriendo varias localizaciones de Cuba (Cienfuegos, Varadero, Trinidad, Viñales...) documentando con mi cámara un país que me fascinó desde el primer segundo.

El contraste fue importante pero Cuba sabe cómo hacerte sentir "como en casa". Desde la primera fotografía tuve claro que no quería documentar las imágenes típicas. Sentí la necesidad vital de traspasar los entornos más decadentes y buscar la mirada, casi siempre volcada atemporalmente, hacia el infinito. Esa actitud de espera me hizo pensar que en el interior de Cuba, se estaba gestando un anhelo, pausado y a destiempo. Un cambio que no llega. Un cambio que solo contemplan en todos aquellos que reciben con los brazos abiertos una y otra vez. Los que llevan la tecnología a cuestas y apenas malviven con una cobertura frágil.

Por ese motivo, viajé con la cámara en la mano, sin ocultar mi rostro tras la máquina, conociendo a cada persona, tomándome el mismo tiempo pausado para conocer su historia. Esa historia que solo se puede contar con palabras y con una mirada recíproca y sincera. 

Me olvidé de colocar a las personas que fotografío "en su sitio", me olvidé de dirigir sus gestos y sonrisas hacia el objetivo, dejé de pensar que era fotógrafa para poder sentir que tan solo a través de la fotografía directa, no meditada, podía llegar hacia la verdadera esencia. 

Utilicé una cámara discreta, de poco peso y cómoda (Fujifilm XT-1) y un objetivo fijo de 35 mm. Fueron pocas las veces que miré por el visor. De manera estratégica y casi acróbata, logré interpretar la escena desde la altura de mi cadera. Justo ahí, mi mano fija sobre la cámara, pulsaba el disparador interpretando el encuadre, la luz y la rápida distribución de los elementos, en mi mente.

Algunas veces, el resultado no se acercaba ni de lejos a lo que esperaba pero a base de práctica, a los pocos días, perfeccioné mi método y pude documentar todos los lugares y personas que iba conociendo, tal y como quería: sin invadir, sin interceder ... completamente libre.

Y es esa libertad, la de no sentirse fotografiado, la que permite que todo surja con completa normalidad. Son, esos momentos cotidianos, los que ofrecen su esencia más pura, el día a día de un país que está continuamente frente al objetivo de los turistas. Mirar Cuba con los ojos abiertos, sin lentes, con el pleno asombro y, al mismo tiempo, con el dedo palpitando como el corazón, rozando levemente el disparador, reconociendo instintivamente la escena ...

El trabajo más difícil fue hacer una selección entre miles de fotos. Y las que están aquí son las resultantes de esa ardua tarea. Bajo el nombre de Incubarte, este proyecto tomó forma y obtuvo un premio LUX bronce en la categoría de reportaje documental en 2016. Un premio que recibí con muchísima ilusión y que más allá del reconocimiento me hizo sentir que pude documentar fuera de mi zona de confort, lejos de mis estilos fotográficos habituales y disfrutando al máximo de un país maravilloso al que pienso volver algún día.

Un viaje que surgió para documentar la boda de unos clientes y que derivó en la experiencia de convivir en la casa de todos los cubanos que nos fueron recibiendo en cada lugar que visitamos. Un viaje al que se apuntaron varios amigos y que nos hizo desconectar del estrés, la vida ajetreada y el "no tengo tiempo" para poder apreciar, junto a ellos, cómo en nuestro interior también se estaba gestando un cambio. Aunque el de ellos es, aún en día, mucho más urgente e importante.

Quizá, algún día, cuando "tenga algo más de tiempo", abra la carpeta con las miles de fotos de este viaje y prepare una selección más extensa para poder dedicarle el tiempo que bien se merece. 

Cuba solo se conoce si vas hasta allí y lo sientes. Su magia reside en el lugar y el momento. Sé que volveremos y hasta que llegue el día, seguiremos recordando nuestra experiencia con la misma ilusión y cariño que sentimos desde el primer segundo.