21 GRAMOS

15.09.2021

21 gramos es un proyecto poético-fotográfico que supone la evocación de un encuentro imposible. A partir de la teoría del médico escocés Duncan MacDougall sobre la materialización del alma, me cuestiono qué sucede con el alma cuando el ser humano muere. Según MacDougall, «si algo existe, se debería medir». Sus experimentos fueron muy relevantes en la primera mitad del siglo XIX, ya que detectó la misma pérdida de materia (21 gramos) en los cuerpos de sus pacientes al morir, por lo tanto, esta cantidad pertenecería al alma de cada individuo. No entraré en los diversos debates médicos y filosóficos que inspiró esta teoría; me interesa el acto inspirador de pretender materializar el alma, palparla como si nuevamente tocáramos la piel de un ser querido.

El 29 de julio de 2021, mi padre fallecía después de diecinueve días ingresado, rodeado en todo momento por sus tres hijas. Cada tres horas nos turnábamos para darle la mano, iniciando el mismo ritual: la que estaba sentada sentada a su lado pasaba a una cama conjunta y la que estaba sentada en la butaca pasaría a rodear su mano entre las suyas. Cada tres horas durante diecinueve días, por temor a que falleciera sin alguna de nosotras a su lado. Quizá porque su último año no fue justo para ninguno de nosotros... quién nos iba a decir que dos meses después de tomar la angustiosa decisión de ingresarle en una residencia viviríamos una pandemia mundial. Un año sin poder ver a nuestro padre, abrazarlo, besarle, recuperar el tiempo perdido. Quizá, por eso, se resistió a morir y disfrutó de nuestra compañía hasta el día siguiente de su último cumpleaños. Pero antes, un último deseo... depositar sus cenizas en el interior de un árbol.

21 gramos es la búsqueda de un padre en el interior del bosque: en sus raíces, cortezas, hojarasca... en cada sombra de los árboles. Es el camino del duelo: recorrer un sendero huérfano y mutilado. Sentir cómo se desprende una de las ramas más importantes. En las fotografías, mis hermanas, sus hijas ... y el número tres que nos engloba. No sabemos si el alma humana pesa 21 gramos. Tampoco sabemos cuánto podría pesar la ausencia de un padre. Quizá, una medida infinita que nos desciende, una y otra vez, hacia la misma oquedad de los árboles.

Origen y destino, por siempre, en la misma raíz.



Para que tú existas con todos los músculos adheridos a los huesos, introduzco tus cenizas en el interior de mi vientre.

Solo ahí eres posible: musgo caliente, detritus de hojarasca. Sin cuerpo, me desciendes, como lava recién parida.