21 GRAMOS

15.09.2021


21 gramos (2021) es más que un nuevo proyecto poético-fotográfico. Supone la evocación de un encuentro imposible.
El 29 de julio perdí no solo a mi padre, sino también al que fue mi mejor amigo, tras una larga enfermedad. Fueron 19 los días que pude permanecer a su lado en el hospital, en una época también herida por una pandemia. Durante este último año sentí que tanto su enfermedad como la pandemia me habían arrebatado todos esos días que tanto a mis hermanas como a mí nos pertenecían: aquellas tardes en las que paseábamos cerca del muelle y las gaviotas surcaban el cielo. Momentos de besos y abrazos, miradas cómplices y encontrar a nuestro padre en el pequeño brillo de una lágrima cuando al reconocernos, sonreía.
Pero el 2020 no nos ofreció ninguna tregua... Fueron muchas las videoconferencias, su mirada perdida hacia el infinito, el sentimiento de culpabilidad, la distancia aún más distante. Y eso fue todo. La primera navidad que no pude besar ni abrazar a mi padre, la última navidad que hubiéramos celebrado todos juntos.
Cuando mi madre me llamó con la voz en un fino hilo, supe que ya nunca recuperaría todos los momentos que nos habían arrebatado. Mi padre estaba en el hospital y la arena del reloj descendía, implacable.
Sin separarnos ni un segundo de su lado, inevitablemente, mis hermanas y yo nos hicimos un sin fin de preguntas: ¿Dónde va el alma cuando se desprende el cuerpo?, ¿se podría materializar?, ¿volveremos a vernos?...
Mientras más intentábamos buscar una solución, más impotentes nos sentíamos. Y así fue como llegamos a la teoría del médico Ducan MacDougall, quien defendía que si algo existe, se debería medir. A partir de esta reflexión, sus estudios se centraron en cómo materializar el alma, llegando a la conclusión de que ésta pesaba 21 gramos (cantidad exacta que el cuerpo de sus pacientes había perdido cuando morían). No entraré en las controversias que surgieron sobre esta investigación, simplemente me aferro a la belleza del concepto: buscar la materialización del alma.
Cuando llegó el momento tan temido y contemplamos, sin consuelo, cómo nuestro padre iniciaba una nueva vida, decidí que debíamos materializar este encuentro con él a través de la imagen y de la palabra. Así fue como nació este proyecto, a las pocas semanas de perderlo.
En las imágenes, aparecen mis hermanas - compañera de naufragio - representando este anhelado encuentro con nuestro padre, en el interior de un bosque.

Entendemos que este espacio se identifica no solo con nuestro espacio emocional, sino con el destino que él ha elegido para que depositemos sus cenizas: en el interior de un árbol.
Por este motivo, en cada representación es vital la existencia de los árboles, sus enormes huecos, en los que en el vano intento de palpar su estómago inerte, ansiamos volver a sentir la calidez de su existencia, en plena naturaleza.

Ellas son mis hermanas, pero también son sus hijas, así como la representación visual de un poema que he llorado y escrito.
No sabemos si el alma humana pesa 21 gramos. Tampoco sabemos cuánto podría pesar la ausencia de un padre. Quizá, una medida infinita que nos desciende, una y otra vez, hacia la misma oquedad de los árboles.

Pero sí sabemos que, para nosotras, 21 gramos es el incansable recorrido que compartimos: duelo y encuentro, en la profundidad de un bosque que tan solo nosotras conocemos y, donde algún día, también descansaremos. Origen y destino, por siempre, en la misma raíz.


Para que tú existas con todos los músculos adheridos a los huesos, introduzco tus cenizas en el interior de mi vientre.

Solo ahí eres posible: musgo caliente, detritus de hojarasca. Sin cuerpo, me desciendes, como lava recién parida.



© 2021 MARINA SERRANO
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